Siempre me ha llamado la atención la cantidad de "personajes" con los que uno puede entablar conversación durante una escapada nocturna. Bares, colas de baños, colas para entrar en algún garito de moda... hay muchos lugares susceptibles de albergar a estos entrañables individuos. Pero uno de los más peculiares es, sin lugar a dudas, el taxi.
Ayer mismo me tocó uno de estos taxistas peculiares. Un buen tipo. En el breve trayecto que disfruté con él - apenas 10 ó 15 minutos- me explicó su filosofía de vida aderezada con unos interesantes consejos.
Yo volvía de una fiesta en casa de unos amigos y me iba ya a casa, y el amable taxista entabló conversación con las típicas preguntas "¿qué, ya para casa o a tomar otra copita por ahí?", y yo sin imaginarme lo que vendría después le respondí que a casa, que venía de una fiesta y ya me retiraba. Y se lió. Resulta que al hombre no le gustaban las fiestas en casa, porque eran muy aburridas. Le gustaba más ir a los bares, que había más mujeres donde elegir. Y como una cosa lleva a la otra, me contó su última salida nocturna - el día anterior, casualmente- y cómo conoció a una mujer que luego descubrió - casualidades de la vida, porque él no se esperaba nada - que era una diosa sexual.
Y en ese momento se desató. Me contó su último viaje a Cuba, (del que se volvió porque tenía que hacer la declaración de la renta, que si no se hubiera quedado 15 días más) y sus experiencias con las mujeres cubanas. Y por si yo no lo tenía claro, me señaló las principales diferencias - en cuanto a sexo se refiere - entre las cubanas, las dominicanas y las españolas. Incluso llegó a hacer un ranking, en el que incluyó venezolanas, rusas, argentinas y alguna otra que no recuerdo. Yo la verdad es que me estaba descojonando. Y cuando ya tenía el ranking hecho - y yo por fin había visto la luz!- se acordó de la jamaicana. Sin duda la mejor mujer con la que el hombre había estado en su vida. Aunque ahí tuvo un poco de suerte, y lo mismo era mejor irse a Cuba para asegurar.
Y llegamos a casa. Se despidió con una sonrisa de oreja a oreja, me dió la mano, y me dijo "Pues nada chaval, a ver si te llevo otro día y te sigo contando."
Ayer mismo me tocó uno de estos taxistas peculiares. Un buen tipo. En el breve trayecto que disfruté con él - apenas 10 ó 15 minutos- me explicó su filosofía de vida aderezada con unos interesantes consejos.
Yo volvía de una fiesta en casa de unos amigos y me iba ya a casa, y el amable taxista entabló conversación con las típicas preguntas "¿qué, ya para casa o a tomar otra copita por ahí?", y yo sin imaginarme lo que vendría después le respondí que a casa, que venía de una fiesta y ya me retiraba. Y se lió. Resulta que al hombre no le gustaban las fiestas en casa, porque eran muy aburridas. Le gustaba más ir a los bares, que había más mujeres donde elegir. Y como una cosa lleva a la otra, me contó su última salida nocturna - el día anterior, casualmente- y cómo conoció a una mujer que luego descubrió - casualidades de la vida, porque él no se esperaba nada - que era una diosa sexual.
Y en ese momento se desató. Me contó su último viaje a Cuba, (del que se volvió porque tenía que hacer la declaración de la renta, que si no se hubiera quedado 15 días más) y sus experiencias con las mujeres cubanas. Y por si yo no lo tenía claro, me señaló las principales diferencias - en cuanto a sexo se refiere - entre las cubanas, las dominicanas y las españolas. Incluso llegó a hacer un ranking, en el que incluyó venezolanas, rusas, argentinas y alguna otra que no recuerdo. Yo la verdad es que me estaba descojonando. Y cuando ya tenía el ranking hecho - y yo por fin había visto la luz!- se acordó de la jamaicana. Sin duda la mejor mujer con la que el hombre había estado en su vida. Aunque ahí tuvo un poco de suerte, y lo mismo era mejor irse a Cuba para asegurar.
Y llegamos a casa. Se despidió con una sonrisa de oreja a oreja, me dió la mano, y me dijo "Pues nada chaval, a ver si te llevo otro día y te sigo contando."
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